Las comidas deben ser momentos de aprendizaje, afecto y contacto con la familia para que no solo contribuyan al desarrollo físico del niño, sino también a su desarrollo social y emocional. Pobres y cuidadores deben hablarle mientras lo alimenta, ser paciente y dar el mismo trato a las niñas que a los niños.

Los momentos de alimentación o comidas dan a los padres y cuidadores la oportunidad de interactuar y hablar con los niños, fomentando así su aprendizaje y su desarrollo social y emocional.

Se debe alentar a los niños a comer, pero no se deben obligar. Las necesidades de los niños son distintas y dependen de la ingesta de leche materna y de las variaciones en las tasas de crecimiento. A los lactantes hay que alimentarlos directamente. A los niños de corta edad hay que ayudarles mientras aprenden a alimentarse por sí mismos.

Cuando un niño se niega a comer, la persona que lo cuida debe ensayar distintas maneras de motivarlo; por ejemplo, ofrecerle combinaciones de alimentos, sabores y texturas nuevos. Si el niño suele perder fácilmente el interés en la comida, se deben evitar las distracciones.

Las niñas y los niños requieren la misma atención y el mismo tiempo para alimentarse, y la misma calidad y cantidad de comida y bebida. Tanto unas como otros necesitan alimentarse con leche materna durante los primeros seis meses de vida, y consumir diversos alimentos en cantidades adecuadas después de los 6 meses. Es crucial que los padres busquen información en materia de nutrición infantil, y que ambos participen en la alimentación de sus hijas e hijos.