Los niños y niñas son vulnerables a la trata de seres humanos en situaciones en que la protección de la infancia es deficiente o inexistente. El gobierno, la sociedad civil y las familias son responsables de prevenir la trata de seres humanos así como de contribuir a la reinserción en sus familias y comunidades de los niños y niñas que han sido víctimas, si ello fuera en el interés superior del niño o niña.

La trata de menores de edad es uno de los delitos transnacionales más generalizados, tanto dentro de los países como entre unos países y otros. Se calcula que la trata de seres humanos genera unos beneficios anuales de aproximadamente 9.500 millones de dólares.

Los niños y niñas que son víctimas de la trata de seres humanos:

  • son tratados como mercancía
  • están expuestos a padecer violencia, maltrato, abandono, explotación y a contraer el VIH.

Se calcula que la mayoría de los menores de edad que cada año son objeto de la trata de seres humanos son niñas a las que se explota sexualmente.

Desbordados por la pobreza y con un acceso limitado a información, niños, niñas y familias podrían abandonar sus comunidades creyendo que en otros lugares les aguardan oportunidades mejores. En ocasiones, los niños y niñas se marchan porque alguien les promete una buena educación, un trabajo bien pagado o una vida mejor, y acaban siendo víctimas del contrabando y de la trata internacional, o de organizaciones que operan dentro de su propio país y que los arrastran a situaciones de peligro como el servicio doméstico, la prostitución, el matrimonio prematuro o la mendicidad.

Es importante que los niños, niñas y familias que opten por dejar sus comunidades entiendan adónde se dirigen. Deben saber:

  • lo que pueden esperar
  • los posibles riesgos que podrían enfrentar durante el viaje y una vez llegados a su destino
  • lo que deben hacer si se ven involucrados en una situación de trata de seres humanos.

Los gobiernos pueden ayudar a la sociedad civil a adoptar medidas como las siguientes:

  • distribuir información a los progenitores, niños y niñas acerca de los riesgos que entraña emigrar y enviar a los niños y niñas a trabajar a otros lugares
  • distribuir información a las comunidades sobre cómo las actitudes negativas hacia los niños y niñas emigrantes pueden conducir a la aceptación social de la trata de menores de edad o a la indiferencia respecto de esta práctica
  • conseguir el apoyo de los progenitores para que los niños y niñas permanezcan en la escuela, y que no les permitan abandonarla para trabajar
  • proveer los servicios sociales que se precisen a fin de contribuir a que los progenitores dependan menos de los ingresos o el trabajo de sus hijos
  • abordar y disminuir la violencia doméstica, que puede influir en la decisión de un niño o niña de abandonar el hogar
  • tratar a los niños y niñas como víctimas de un delito y no como delincuentes, dedicándoles el apoyo y el tiempo que necesitan para recuperarse antes de retornarlos a sus familias, comunidades o mecanismos de atención sustitutiva
  • promulgar y leyes que persigan a los traficantes y velar por su cumplimiento.