Los niños y niñas tienen derecho a la educación, incluso durante las situaciones de emergencia. Lograr que asistan a escuelas seguras y adecuadas a las necesidades de la infancia contribuye a reforzar su sensación de normalidad y a iniciar el proceso de curación.

Los hábitos regulares, como asistir a la escuela y llevar unos horarios de comida y descanso normales, aportan a los niños y niñas una sensación de seguridad y continuidad.

En las situaciones de emergencia, las escuelas y espacios adaptados a las necesidades de la infancia pueden aportar un entorno de protección y seguridad para que todos los niños y niñas aprendan.

Con el apoyo de las familias y las comunidades, los maestros y administradores de las escuelas pueden contribuir:

  • A proveer un espacio seguro y estructurado en el que los niños y niñas puedan aprender.
  • A detectar a los niños y niñas que experimentan estrés, trauma o separación familiar y prestarles apoyo psicosocial básico.
  • A instaurar unos hábitos cotidianos, creando la sensación de que existe un futuro más allá́ de la situación de emergencia.
  • A velar por que los niños y niñas adquieran y mantengan su capacidad para leer, escribir y contar.
  • A suministrar a los niños y niñas información sobre salud y seguridad que puede salvarles la vida, y ensenarles técnicas que les ayuden a minimizar los riesgos.
  • A proveer un espacio para la expresión a través del juego, los deportes, la música, el teatro y el arte.
  • A facilitar la integración de los niños y niñas vulnerables en la escuela y la comunidad.
  • A apoyar la formación de redes y la interacción entre las familias.
  • A impartir a los niños y niñas unos conocimientos sobre los derechos humanos y sobre técnicas para vivir en paz.
  • A capacitar a los niños y niñas para que sepan proteger su entorno, y potenciar aptitudes que les ayuden a evitar los riesgos asociados a las situaciones de desastre.
  • A animar a los niños y niñas a que analicen información, expresen sus opiniones e intervengan en relación con cuestiones concretas que son importantes para ellos.

El personal docente precisa apoyo y formación para comprender y tratar las experiencias estresantes, las perdidas y las reacciones –tanto las suyas propias como las de los niños y niñas– relacionadas con las situaciones de emergencia. Es necesario que sepan cómo brindar apoyo emocional, mental y espiritual a los estudiantes y orientar a las familias para que hagan lo mismo con sus hijos e hijas.

Las escuelas y comunidades pueden también colaborar organizando actividades divertidas para los niños y niñas fuera de la escuela. Debería alentarse y apoyarse la comunicación y la interacción entre los compañeros. El

Cuando un niño o niña enferme con gripa u otra enfermedad infecciosa, los padres y otros cuidadores deberán mantenerle en el hogar, o en su lugar de residencia si son desplazados.

En caso de una epidemia grave que se propague con rapidez de una persona a otra, es necesario que las autoridades locales y el personal docente tomen decisiones adecuadas acerca de cómo proteger a la infancia. Como medida de salud pública pueden suspenderse las clases a fin de contener la propagación de la enfermedad. En tales casos es posible proseguir con la educación empleando estrategias alternativas. Esto exige una buena planificación y un seguimiento por parte del personal docente en colaboración con las familias de los estudiantes.