El hábito de fumar, el consumo de alcohol o narcóticos y la exposición a venenos y a agentes contaminantes son especialmente perjudiciales para las mujeres embarazadas, sus hijos en gestación, los bebés y los niños de corta edad.

El hijo de una madre fumadora tiene más probabilidades de nacer con bajo peso. También es más propenso a la tos, los catarros, el crup, la neumonía y otras afecciones respiratorias.

Consumir bebidas alcohólicas o utilizar narcóticos es sumamente dañino para la salud de las mujeres embarazadas y sus hijos en gestación. Estas sustancias tienen la capacidad de afectar gravemente el desarrollo físico y mental de los bebés. Las mujeres deben dejar el alcohol y las drogas tan pronto como deciden quedar embarazadas, o cuando sospechan que están esperando un hijo. Si se les dificulta dejar estas sustancias, deben consultar con un médico o un trabajador sanitario calificado, o buscar orientación en un centro asistencial o en una organización de ayuda a personas con problemas de abuso de sustancias.

Las mujeres no deben tomar medicamentos durante el embarazo, a menos que sea absolutamente necesario y que un agente de salud calificado los prescriba.

Para que los niños crezcan y se desarrollen física y mentalmente de manera satisfactoria, las mujeres en edad de procrear, las embarazadas, las madres y los niños pequeños deben estar protegidos contra el humo del tabaco y de los fogones de leña; los herbicidas y demás venenos; y los contaminantes como el plomo del agua transportada por tuberías de este metal, las emisiones de los vehículos y algunas pinturas.

Las familias y las comunidades pueden ayudar enormemente a las mujeres embarazadas, las madres y los niños, promoviendo los espacios libres de humo.

En aras de su salud y de la salud de sus hijos, las mujeres en edad de procrear, las embarazadas y las madres deben estar protegidas contra el humo, los venenos y los contaminantes en el lugar de trabajo.