El yodo es fundamental en la alimentación de las mujeres embarazadas y los niños pequeños, pues desempeña una función clave en el desarrollo del cerebro infantil. También es esencial para prevenir los problemas de aprendizaje y el retraso en el desarrollo. Consumir sal yodada en vez de sal ordinaria proporciona a las futuras madres y a sus hijos todo el yodo que sus organismos necesitan.

El yodo en pequeñas cantidades es esencial para el crecimiento y el desarrollo de los niños.

Los hijos de mujeres que carecen de yodo durante el embarazo tienen alta probabilidad de nacer con problemas mentales o con discapacidades auditivas o del lenguaje. Si el niño no obtiene suficiente yodo durante sus primeros años de vida, y más adelante, podría retrasarse su desarrollo físico, mental o cognitivo. Incluso deficiencias leves reducen la capacidad de aprendizaje y afectan adversamente la inteligencia.

El bocio, un agrandamiento anormal de la glándula tiroides que produce engrosamiento del cuello, es un indicador de falta de yodo en la dieta. A comienzos del embarazo, esta deficiencia incrementa la probabilidad de sufrir un aborto espontaneo o de que el bebé nazca muerto.

Utilizar sal yodada en vez de sal ordinaria proporciona a las mujeres embarazadas y a los niños el yodo que necesitan. Es segura para toda la familia y es la única sal que se requiere para cocinar. En lo posible, las familias deben comprar solamente sal yodada de buena calidad, debidamente certificada y empacada. Se recomienda que las madres consuman únicamente sal yodada antes, durante y después del embarazo, y que ambos padres velen por que la sal que consuman sus hijos sea yodada.