A medida que aumenta la ingesta de alimentos y bebidas, también aumenta considerablemente el riesgo de diarrea. Los alimentos contaminados con gérmenes son una de las causas primordiales de diarrea y otras enfermedades que provocan perdida de energía y nutrientes necesarios para el crecimiento y el desarrollo de los niños. Los buenos hábitos de higiene y el agua apta para el consumo son definitivos para prevenir las enfermedades, así como también manipular, preparar y almacenar los alimentos de una forma apropiada.

A medida que crecen, y en su esfuerzo por explorar y descubrir el mundo que los rodea, los niños se introducen todo en la boca. Esto significa que recogen gérmenes con facilidad, obligando a los padres y cuidadores a observar buenos hábitos de higiene, como el lavado de las manos con jabón. También deben manipular y preparar los alimentos en condiciones adecuadas de higiene, utilizar agua salubre y mantener limpio el medio vital. Todas estas medidas son decisivas para prevenir la diarrea y otras enfermedades, y para preservar la salud de los niños.

Es aconsejable servir los alimentos inmediatamente después de prepararlos y conservar cuidadosamente la comida sobrante. Las superficies y los utensilios para preparar y servir los alimentos deben permanecer limpios. Los niños deben recibir sus alimentos en tazas o tazones limpios. No conviene utilizar biberones porque, al igual que las tetinas, son difíciles de mantener limpios.

Hay cinco maneras de conservar la comida en buen estado: mantenerla limpia, separar los alimentos crudos de los cocidos, cocinar los alimentos completamente, mantenerlos a una temperatura segura y lavar los alimentos crudos con agua salubre.

(Para mayor información, remitirse al capítulo sobre la higiene.)