Las mujeres que trabajan fuera del hogar pueden seguir amamantando a sus hijos. Conviene que lo hagan con la mayor frecuencia posible cuando estén juntos, y que se extraigan la leche cuando estén separados, a fin de que las personas que los cuidan los alimenten con ella de una forma higiénica y segura.

Si la madre no puede llevar a su bebé al trabajo, debe amamantarlo a menudo cuando estén juntos. La succión frecuente aumenta la producción de leche.

Si la madre no puede amamantar a su hijo en su lugar de trabajo, debe extraerse la leche dos o tres veces durante la jornada laboral y refrigerarla o mantenerla a temperatura ambiente hasta por ocho horas, en un recipiente limpio y tapado. Un cuidador puede alimentar con ella al bebé utilizando una taza limpia.

Las familias y las comunidades deben insistir en que los empleadores otorguen licencia de maternidad remunerada, creen guarderías y proporcionen a las madres tiempo y lugares aptos para amamantar a sus hijos o para extraerse la leche y almacenarla. Esos lugares deben ser limpios, seguros y privados. También deben disponer de agua salubre para lavarse las manos y lavar los utensilios.